Miroslav Petrech, vinatero de corte del castillo de Belá

Gastronomia

Miroslav Petrech, vinatero de corte del castillo de Belá

09. 10. 2019 11:39

Hoy, para abordar el tema del vino eslovaco, nos dirigiremos a una zona poco conocida por turistas y vinateros extranjeros. El castillo de Belá, construido en estilo de barroco rural de Francia y conocido como Chateau Béla, se halla a diez kilómetros de la ciudad de Štúrovo, en la zona más sureña del país, entre las colinas Belianske que forman parte de las colinas de la cuenca del Danubio. Este castillo data del siglo XVIII y durante su existencia se encontraba en las manos de varios dueños aristócratas. Gracias a la buena relación que estos tenían hacia la cultura, el castillo disponía de un estupendo parque y el buen gusto de sus dueños lo confirmaban numerosos detalles arquitectónicos tanto en sus exteriores como en su interior. Uno de los dueños incluso trajo allí varias obras artísticas desde China y Japón. Durante la segunda guerra mundial el castillo era en posesión de Juraj Ullman, hijo del conde Adolf Ullman y gobernador del Banco Nacional Austro Húngaro. Este en 1945 emigró junto a si hija a Suiza, donde esta vive hasta hoy día. La familia Ullman embelleció mucho el castillo, también extendió la biblioteca, cuidó el parque, construyó una gruta artificial y en el parque construyó un invernadero. Sin embargo, después de la emigración de esta familia el castillo fue ocupado por el ejército soviético y durante los 30 años del régimen socialista quedó completamente deteriorado. Del mobiliario no se ha conservado nada y en 1951 los frescos que adornaban las paredes fueron pintados de cal apagada. El edificio, durante algunos años, fue la sede del instituto técnico agrario, luego fue transformado en una prisión para presos políticos y, más tarde, fue un depósito de utensilios de casa. En 1990 fue declarado monumento nacional de la cultura.

En los años 90 del siglo pasado la nieta de Juraj Ulman, Ilona von Krockow, empezó a interesarse en poder reconquistar el castillo. Sin embargo, por la falta de la documentación necesaria para demostrar su relación de propiedad hacia el castillo, en el año 2000 tuvo que comprarlo y durante los siguientes 7 años lo reconstruyó hasta convertirlo todo en un maravilloso castillo amueblado de manera lujosa. En la actualidad el palacio de Belá sirve a la familia von Krockow de sede estiva y una parte de él sirve como hotel de 5 estrellas.

Nosotros visitamos este castillo con ocasión de celebrarse allí una competición vinatera de nivel internacional. Y allí conocimos a Miroslav Petrech, vinatero de corte de este maravilloso castillo. Como primero le preguntamos si de verdad cree en el poder curativo del vino…

Los efectos saludables del vino son indiscutibles. Ya el profesor Vilém Kraus, que fue un gran experto de vinicultura checoslovaco, incluso recomendaba añadir algunas gotas de vino en las bebidas destinadas a los niños. El vino forma parte de la comida al igual que el agua. Se dice, y lo recomiendan también algunos médicos, que las mujeres deberían beber 2-3 decilitros de vino al día, mientras que los hombres 4 o 5, siempre divididos en dosis y poco a poco, por supuesto. El vino hay que beberlo con gracia, elegancia y deleite. El vino suele acompañar la mayor parte de los encuentros entre amigos, charlas, debates y negociaciones.

Dedicar la vida a la viticultura significa confiarse del todo en las manos del poder superior de la naturaleza… ¿ha estado desilusionado usted alguna vez?

Durante los 48 años de micarrera de viticultor y de productor de vinos me he encontrado 4 veces, como se dice - de rodillas. He llorado y he estado desesperado. Pero hay que levantarse siempre. Además el cultivo de la vid es un asunto a largo plazo. Es una planta que llega a 70, 80 o incluso 100 años. Un buen viticultor tiene que ser paciente y sabe que si una añada no sale buena, saldrá buena la siguiente. Mi madre decía que después del mal tiene que venir el bien.

¿Según usted, estas competiciones vinateras realmente ayudan a los pequeños viticultores y productores del vino a imponerse en el mercado?…

En Eslovaquia, en mi opinión, tenemos tres importantes competiciones vinateras - el Mercado del vino de Pezinok, la Vitis Aurea de Modra y la Muvina de Prešov. Creo que la competición de Danube Wine Challenge que se ha celebrado este año aquí en Chateau Béla, superará dentro de 4-5 años a todas y se colocará en el primer lugar. Lo más importante es que estas competiciones atraen a gente del exterior, a expertos extranjeros, y así nos ayudan a difundir el buen nombre de nuestros vinos en el extranjero. Hay que destacar que cuando nuestros vinicultores quieren participar en las competiciones internacionales que se celebran en el extranjero, les cuesta mucho dinero preparar y enviar muestras de la manera prescrita. Entonces, presentarse ante los expertos internacionales "en casa" es una ocasión que no se puede despreciar. Y si algún viticultor eslovaco sale de casa, casi siempre consigue éxitos. Se lo puede confirmar la señora Edita Ďurčová, embajadora de los vinos eslovacos en el extranjero.

¿El buen nombre de un vino se crea con una buena publicidad o buen marketing, no?

El vino lo vende el nombre o la marca. Si yo tengo un buen vino y me presento como Petrech, quizás venda algo aquí en los alrededores, pero en otras partes de Eslovaquia o incluso en Hungría no me conoce nadie. Un buen vinicultor debe ir creando su nombre poco a poco, trabajando bien y duro durante muchos años.

Pero la publicidad no siempre nos recomienda productos realmente buenos…

Por supuesto, cuando razono como consumidor para mí es importante exclusivamente si el vino me apetece. Sin dar mucha importancia a la marca o a los elogios de otros. Pasa lo mismo que con las mujeres. Si una mujer no me gusta, ya puede vestirse como una princesa que seguirá sin gustarme. Lo mismo ocurre al contrario. El buen vino realmente no necesita elogios.

En la región vinatera de la Moravia del Sur los viticultores y vinateros llegan a imponerse en el mercado gracias a varias asociaciones en las que se organizan y se ayudan mutuamente… ¿Podría funcionar algo similar en Eslovaquia?

Hay que decir que la zona vinatera de Moravia del Sur ocupa un territorio muy extenso. Allí agrupar a los viticultores es mucho más fácil que organizarlos en pequeñas zonas o rutas del vino, como las llamamos en Eslovaquia. Los viticultores eslovacos están divididos en regiones bastante distantes, de hasta 500 kilómetros. Pero estoy del todo de acuerdo con usted, que las asociaciones y agrupaciones de los agricultores o viticultores siempre pueden ser muy útiles. Sé que realmente en Eslovaquia están apareciendo algunas… en cada caso, estas asociaciones o clubes tienen que surgir de manera natural, el interés tiene que salir de los mismos viticultores.

¿Usted que propósitos aún tiene un su carrera de viticultor o vinatero?

Yo ya alcancé en mi vida todo lo que quería alcanzar. Quizás todavía me gustaría producir nuevamente un vino tan bueno como el que produje en el año 2001. Pero no creo que se cumpla este sueño.

¿Cuál de los vinos eslovacos aconsejaría usted a los turistas extranjeros que quieren llevarse a casa alguna botella de recuerdo?

Hay que concentrarse en las variedades de vinos locales, es decir, típicos de Eslovaquia. De los blancos aconsejaría el Veltliner Verde (Veltlínske zelené), el Riesling del Rin (Rizling rýnsky) y Welschriesling (Rizling vlašský). Y de los tintos, el St. Laurent (Svätovavrinecké), el Frankovka Azul (Frankovka Modrá) o el Cabernet (Cabernet Sauvignon). Yo evitaría las variedades que se encuentran en todas las partes del mundo, como por ejemplo el Chardonnay.

Miroslav Petrech Chateau Bela
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Ladislava Hudzovičová

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