Alžbeta Zollerová – testigo del Levantamiento Nacional Eslovaco

Historia

Alžbeta Zollerová – testigo del Levantamiento Nacional Eslovaco

27. 08. 2019 14:00

Escuchando mi grabación con Alžbeta Zollerová, una señora de 91 años que durante el Levantamiento Nacional Eslovaco tenía 16 años, con Ján Bosák, maestro jubilado de la escuela primaria de Prašník y Božena Mocková, presidenta de la Asociación de los Luchadores contra el Fascismo en Prašník,me di cuenta de que no sería justo cortar la entrevista, y así se la presento entera. Espero que ustedes no se aburran, todo lo contrario, que vivan con nosotros las situaciones y recuerdos contados por "babinka" o abuelita, como la suelen llamar en el pueblo.

Durante mi infancia pasévarias vacaciones en los campamentos juveniles. Uno de ellos tenía lugar en la localidad de Prašník, situada a unos 20 km de la ciudad de Piešťany. Dando muchos paseos por las colinas y bosques de esa región descubrí que el territorio estaba lleno de monumentos erguidos para rendir homenaje a los soldados y partisanos caídos durante la segunda guerra mundial. Este fuerte recuerdo se me quedó grabado en la memoria y recientemente, cuando se acercaba el aniversario 75 del Levantamiento Nacional Eslovaco, decidí explorar esa localidad para ver, si por casualidad aún había algún veterano de guerra o simplemente algún testigo de aquel entonces. Y descubrí a Alžbeta Zollerová, una señora de 91 años que cuando ocurrió el Levantamiento Nacional Eslovaco tenía 16 años y sus padres ofrecieron refugio en su casa a 4 partisanos. Uno de los partisanos incluso llegó a ser el esposo de la señora Zollerová. Esta graciosa señora aún goza de buena salud y lucidez. Sus recuerdos son muchos y muy claros. Creo que sería una gran pena dejarlos caer en el olvido. Le agradezco de corazón su disponibilidad de compartirlos con nosotros.

Usted, quedándose a vivir en su lugar de nacimiento, cada día tiene sus recuerdos delante de sí… ¿se le suelen reanimar a veces los recuerdos de los tiempos de la guerra? ¿Suele aún visitar los búnkeres de los partisanos?

Yo visité los búnkeres de los partisanos inmediatamente cuando terminó la guerra. Y hasta hoy en día conservo esos recuerdos. Cada vez que paso por el cementerio, recordándome de aquellos tiempos crueles, miro las montañas y pienso en aquellos lugares y en las personas que luchaban allí, sobre todo, en los que perdieron la vida por nuestra libertad. Hoy en día, desafortunadamente, no ha quedado nada de estos búnkeres, puesto que después de la guerra la gente que necesitaba madera, venía y gradualmente los destruía. Creo que todos terminaron quemados… y en mi opinión lo hizo la gente que apoyaba a las Guardias de Hlinka, que eran fascistas o simplemente gente que no quería a los partisanos.

Si los movimientos de los partisanos tenían que ser extremadamente secretos, ¿cómo supieron ustedes que al pueblo y sus alrededores habían llegado los partisanos?

En el pueblo había algunos hombres leales y honestos que ejercían como servicio de inteligencia. Ellos estuvieron en contacto con los partisanos desde el comienzo de la formación de la resistencia. Ellos desde antes de la llegada de los partisanos pasaban por las casas identificando aquellas que eran idóneas como lugar de refugio. En la segunda fase fueron enviados aquí solo tres partisanos para estudiar el terreno, es decir, para ver si aquí no había gente mala… Luego vinieron otros treinta. Esto ocurrió antes de la Navidad del 1944.

Los partisanos fueron repartidos en grupos de 3 - 4 por hogar. En mi casa se quedaron cuatro, 2 eslovacos, un ruso y un alemán - era un soldado que vestía el uniforme alemán, además tenía un cargo alto, pero trabajaba para los partisanos. Nosotros obviamente observábamos su comportamiento. Pero tengo que decir que se comportaba de manera muy decorosa y leal. Todos se comportaban así.

Parece increíble. Un soldado alemán que lucha contra los alemanes colaborando con los partisanos…

Entre él y los demás partisanos debió haber una profunda confianza. Él, cuando alguien le contaba algo, lo anotaba todo en su cuadernillo. Recuerdo que venía aquí una señora de Modra que hablaba muy bien el alemán. Ella le preguntaba muchas cosas. Y poco a poco se creó entre él y los habitantes del pueblo una relación de confianza. Incluso cuando se terminó la guerra volvió aquí desde Berlín para decirnos que allí había encontrado bombardeado el barrio entero en el que vivía. Se quedó sin familia. Pero vino a decírnoslo a nosotros. Luego no sé a dónde se fue...

¿Y si había tantos búnkeres en los bosques colindantes, quien vivía allí?

A los búnkeres iban para esconderse cuando pasaban los alemanes por el pueblo. En aquellos períodos bajaban a las casas exclusivamente cuando estaban necesitados de comida, medicamentos o cuando tenían que lavarse. Y cuando los alemanes rastreaban los bosques para encontrarlos, los búnkeres a menudo se convertían en campos de combate. Una vez, había mucha nieve y los alemanes encontraron huellas que conducían a la montaña. Allí en la parte alta del pueblo encontraron a un hombre y le obligaron a llevarlos a los búnkeres de los partisanos… Él se rechazaba de hacerlo, les ayudó solo durante un tramo… pero había huellas y también los arboles estaban sin hojas… los alemanes no necesitaban mucha ayuda porque la visibilidad era bastante buena. No era difícil encontrar a los partisanos… mataron a tiros a tres de ellos, el resto pudo escapar. Éstos luego se aparecieron en algunas casas por la noche pidiendo el pan.

¿Ustedes nunca pasaban por los búnker durante la guerra?

No, jamás… había lugares concretos, donde se les dejaba la comida mientras estaban en los búnkeres, pero nunca íbamos directamente allí. Era demasiado peligroso…

¿Y usted personalmente tuvo alguna vez miedo de morirse?

Claro, una vez cuando salí de casa me apuntaron con un arma… Aquella vez incluso en el pueblo se decía que me hubiesen matado a tiros. Y yo, afortunadamente aún estoy aquí. El diablo aún no me ha llevado.

¿Pero en marzo había una batida durante la cual los alemanes incendiaron tres casas, verdad?

Sí, recuerdo, en aquel entonces incendiaron tres casas. Pensaban que allí se escondían los partisanos, pero no encontraron a nadie. En aquel entonces vinieron muchos alemanes. A las seis y media de la mañana expulsaron a toda la gente de sus casas, detuvieron a todos los hombres y los concentraron en un lugar, en la localidad de Horná Ves. Desde allí los llevaron a Šterusy, donde el alcalde que en aquel entonces presidía la aglomeración de estos pueblos, debo decir que era un gran hijo de puta, confirmó su identidad diciendo además que esos hombres ya tenían que estar encarcelados. Los hombres fueron más de 40. Los procesaron en Vrbové y luego los encarcelaron en Trenčín. Fueron liberados con la llegada del Ejército Rojo, prácticamente antes de huir de las Katiushas que ya se escuchaban por todos lados. Después de haber pasado el frente los hombres volvieron a sus hogares.

¿La llegada del ejército rojo tuvo que ser para ustedes una gran emoción, no?

Recuerdo, estaba en el campo con mi padre que cavaba un hueco y vino un soldado ruso que le dijo: ¿"Para que estás cavando ese hueco"? "Es un búnker", respondió mi padre. "Ya no es necesario. Todo ha terminado. Los alemanes han sido derrotados". Entonces bajamos a nuestra casa, mi madre preparó una gran olla de sopa de patatas para todos, tanto para los soldados rusos como para los partisanos que bajaban de las montañas. Festejamos con enorme alegría. Y puedo decir que ninguno de estos hombres intento tocarme o molestarme. He oído que algunas mujeres de otros pueblos se quejaban… pero yo nunca en mi vida viví ese tipo de experiencia.

¿Y los que colaboraban con los alemanes, también estaban contentos?

Ellos aún trataban de traicionar y denunciar. Lo hacían para las Guardias de Hlinka que no quisieron rendirse. Vino un hombre de Vrbové que fingía de ser mi amigo y acariciándome las mejillas me dijo: ¿"Betka, y donde están nuestros muchachos"? Y yo le respondí: "Yo no sé dónde están vuestros muchachos. ¿Cómo podría saberlo"? Entendí inmediatamente que era un Guardia de Hlinka vestido de partisano.

¿Entre los partisanos Usted encontró también a su marido, verdad?

Yo tenía pocos años y no pensaba en casarme. No me interesaban esas cosas. Tampoco estaba enamorada de él. Una vez vino a verme en el campo mientras segaba la hierba. Hablamos, pero él no me interesaba. Me casé antes de cumplir 18 años y lloraba. Es que todos me pedían que me casara. Era un partisano y después de la guerra recibió una vivienda y trabajo en el ferrocarril en Plzeñ, en la República Checa. Entonces, me fue allí con él… pero después de algunos años regresamos. Tuvimos tres hijos.

¿Cada día de su vida Usted se da cuenta de vivir en paz, verdad?

Fueron tiempos de verdad difíciles. Imagínense solo a estos partisanos, que tuvieron que trasladarse a pie, sanos o enfermos, a veces heridos, tenían piojos u otras dolencias, casi siempre tenían que dormir en muy malas condiciones… poniendo en juego sus vidas para que nosotros pudiéramos ser libres. Mi esposo también salió enfermo de la guerra y por negarse a ir al médico, falleció a temprana edad. Tenía el cuerpo lleno de tumores.

¿Se recuerda Usted de alguna situación en la que los colaboracionistas de fascistas trataron de intervenir o sabotear algo?

Una vez sucedió en las montañas de aquí, al aire libre, que los partisanos se estaban preparando la comida. Precisamente cocinaban un gulasch. Y como que era un grupo bastante numeroso, entre ellos se infiltró fácilmente una mujer que nadie conocía. Tenía un abrigo largo. Sin embargo, los ojos atentos de varios de ellos notaron su presencia y sobre todo su interés en acercarse a la caldera. Y de repente uno de ellos se lanza sobre la mujer y le saca del bolsillo una bolsita con veneno. ¡Ella quería envenenarlos! Creo que luego, después de interrogarla, la mataron.

Sabemos que la resistencia o el levantamiento nacional surgió en la parte central del país. ¿Porque los partisanos eligieron justamente el pueblo de Prašník situado en la zona fronteriza entre los Pequeños Cárpatos y los Cárpatos Blancos, en el oeste del país? Con esta pregunta me dirigí a Ján Bosák, maestro jubilado de la escuela primaria de Prašník.

La tarea de los partisanos no fue solo preparar y facilitar el camino para el paso del Ejército Rojo, sino también realizar las maniobras de distracción. Hay que destacar que en esta zona había dos fábricas de mucha importancia, ambas obviamente sometidas al mando alemán. Hablamos de las fábricas de Myjava y Stará Turá. Justamente el grupo Jermak que operaba aquí estaba especializado en servicios de inteligencia y su objetivo, además de realizar maniobras de distracción, era tener bajo control la producción en estas dos fábricas. Por ejemplo, en la fábrica de Stará Turá los alemanes realizaban investigaciones y experimentos con armas.

Sabemos que el Ejército Rojo, al entrar en territorio eslovaco a través de la frontera del este, a través del paso de Dukla, tuvo que enfrentar varios obstáculos puestos por los alemanes. Pensaba que la presencia de los partisanos aquí servía sobre todo para evitar que durante el desplazamiento del Ejército Rojo a través de esta parte de los Cárpatos ocurriese una situación análoga.

Sí, hay que decir que el pueblo de Prašník se encuentra en un paso de montaña en los Pequeños Cárpatos. Y realmente, los alemanes en colaboración con las Guardias de Hlinka, construyeron una especie de fortificaciones que tenían que parar o por lo menos ralentizar al ejército Rojo y el ejército Rumano, que llegaban juntos. Yo aún tengo algunos ladrillos de hormigón de aquellas fortificaciones en el patio de mi casa.

Los alemanes huyeron ante la llegada de los rusos. ¿Pero qué sucedió con las Guardias de Hlinka? Ellos eran eslovacos y supongo que se quedaron en el país.

Claro. Por ejemplo, el pueblo de Nové Mesto nad Váhom, que está a unos 30 km, estaba lleno de seguidores de las Guardias de Hlinka. Mi esposo, cuando volvimos de Chequia, recibió trabajo allí en el ferrocarril. Por supuesto, se sabía de él, que era un partisano. Afortunadamente, un amigo lo había advertido de tener cuidado con sus colegas de ese pueblo. Y realmente una vez, mientras estaba de servicio de noche, le asaltaron e intentaron matarlo con una farola. Como esperaba el ataque, tuvo la suerte de huir.

Se me ha quedado en la mente el soldado alemán que operaba con los partisanos…

Eso no era algo tan extraño. Como ya dije antes, los grupos de partisanos ejercían como servicios de inteligencia. Para ellos era primordial tener a una persona capaz de infiltrarse entre los alemanes y que tuviera acceso a información y documentos relevantes, incluso secretos. Lo encontraron y lo formaron ellos mismos.

Yo recuerdo que una vez, este alemán que se alojaba en nuestra casa, tuvo que llevar una maleta a Myjava. Tenía un alto grado militar y debo decir que era un hombre muy guapo. Se puso el uniforme y se marchó a cumplir su tarea. Dejó la maleta en una escuela llena de militares alemanes y les pidió que la guardaran en un sitio seguro. Y cuando se marchó, la maleta explotó…

Podríamos constatar que aquí operaban los partisanos de un alto nivel de profesionalidad.

Sí, ellos realmente facilitaron o incluso aceleraron el desplazamiento de los ejércitos liberadores a través de los Pequeños Cárpatos rumbo a occidente.

¿Y después de la guerra, ustedes quedaron en contacto con alguien de estos partisanos?

Sí, mi esposo intercambiaba correspondencia con el partisano ruso que estuvo en mi casa… Y una vez el vino desde Rusia a visitarnos. Hicimos una gran fiesta. En nuestra casa se reunió el pueblo entero, matamos a un cerdo, comimos mucho y bien, y sobre todo nos reímos mucho, todos estábamos contentos. Pero luego, obviamente, fuimos al cementerio para rendir homenaje a todos los que no han podido vivir estos lindos instantes con nosotros.

Para rendir homenaje a los partisanos fallecidos durante la guerra usamos un breve fragmento de una poesía escrita por Anna Plecitá, otro testigo de la segunda guerra mundial, que ya no se encuentra entre los vivos. Nos la leyó Božena Mocková, presidenta de la Asociación de los Luchadores contra el Fascismo en Prašník.

Párate un instante y escucha como susurra la montaña, el bosque… ahora te tocará a ti llevar adelante el mensaje de los luchadores fallecidos. No te olvides de ese mensaje y protege bien nuestra libertad, la libertad que había redimido con su vida el partisano. Y yo suelo añadir: Quien no estima la historia, debería revivirla.

¿Su abuelo también recibía en casa a los partisanos, verdad?

Mi abuela me contaba que mi abuelo, como que tenía un gran huerto de frutales, tenía también un carro grande para transportar la fruta. Y en él, durante la guerra, transportaba también las armas de los partisanos o incluso a los propios partisanos… tenían que poner una capa de frutas en el fondo del carro, luego la paja, sobre la paja se tendía el partisano, en la boca le ponían una pajita para que pudiese respirar, y encima le ponían una lámina de metal, y luego, sobre el metal de nuevo ponían paja, frutas, etc. Todo esto de manera tal que los alemanes, al detener y controlar el carro, no pudiesen encontrarlo. Ellos solían controlar la carga de los carros con las bayonetas.

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Ladislava Hudzovičová

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