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Róbert Hutyra – una curiosa historia de la emigración

Róbert Hutyra – una curiosa historia de la emigración

Galéria

El 21 de abril de 2021 falleció a la edad de 77 años Róbert Hutyra, quien fue cinco veces campeón de Eslovaquia y dos veces campeón de Checoslovaquia en ciclismo. Aparte del ciclismo, su nombre acaparó titulares de la prensa internacional por un acto extraordinario y único. En la noche del 7 de septiembre de 1983, Róbert Hutyra, oriundo del pueblo de Lúčka, su esposa, su hija de 14 años y su hijo de 11 años abordaron un globo aerostático, llevando consigo solo 4 botellas de propano-butano, dos bolsas de cosas y una bicicleta de carrera. Despegando de una localidad situada cerca de la ciudad morava de Mikulov y aterrizando en el pueblo austríaco de Falkenstein la familia Hutyra logró emigrar de la Checoslovaquia socialista.

Trabajaba en la refinería Slovnaft, donde estaba inscrito en el listado de aspirantes para recibir un apartamento. Su actitud negativa hacia el régimen comunista estalló cuando lo adelantaron en el listado varios ambiciosos funcionarios comunistas y se quedó sin el apartamento. Su paciencia llegó al límite. Hutyra sabía que si no se atrevía a cambiar su vida antes de los 40 años, no lo haría jamás. En aquel entonces tenía 39. Escuchemos esta extraordinaria experiencia como la contó el mismo.

En casa mirábamos la televisión austríaca todas las noches. Una vez informaron acerca de dos familias de Alemania del Este que a bordo de un globo consiguieron emigrar a Alemania Occidental. Me gustó mucho aquella idea y 4 años después, cuando me enfadé por no haber recibido el apartamento, le dije a mi mujer: "¿Te recuerdas de la historia de las dos familias alemanas que emigraron en un globo?" Desde aquel momento empecé a comprar poco a poco el tafetán y mi mujer aún no me creía.

¡Usted debió haber comprado bastante tela para poder hacer el globo!

El tafetán entero, sin el trabajo, me costó lo mismo que en aquel entonces valía un coche Skoda. Además, en cada tienda tenían como máximo un rollo y yo necesitaba mucho más. Encontré información acerca de la fábrica que lo producía, se encontraba en la ciudad morava de Moravská Třebová. Así pues, decidí viajar hasta allí y les dije que organizaba eventos de windsurf en los lagos de Senec y que necesitaba 200 m de tafetán o tela de nilón para coser las velas de surf. Les sorprendió que quisiera un color oscuro… Me decían que todo el mundo quería el rojo. Yo les expliqué que después de varias horas en el agua el color rojo no era bueno para los ojos o causaba cansancio en los ojos. ¡Y ellos me lo creyeron, incluso me lo confirmaron!

¿Pero para poder volar en un globo se necesita una cesta, no?

El fondo de la cesta, inicialmente quería hacerlo de láminas de madera. Sin embargo, comprendí que lo más probable era que los soldados intentaran derrumbar el globo disparando desde abajo. Entonces decidí construir el fondo de hojalata, colocándole además por abajo, para reforzarlo, una lámina que resistiera a los disparos de balas. Sin embargo, esto aumentaba el peso del globo y tuve que comprar otro tafetán. Viajé otra vez a la fábrica de Moravská Třebová y les pedí 200 metros más. Se quedaron nuevamente sorprendidos y me dijeron: ¡Usted debe tener un equipo gigantesco!

¿Y cómo fue la huida en sí?

Al comienzo pensaba que para poder aterrizar en Austria sería mejor salir desde el barrio bratislavense de Petržalka. Pero aquel año, desafortunadamente, el viento siempre soplaba de sur a norte. Estudiando bien la forma de la frontera, identifiqué como el lugar ideal de salida una localidad situada cerca de la ciudad morava de Mikulov. Para llevar a cabo el plan sólo necesitábamos que soplara el viento desde el norte o el noreste). Empecé a llamar por teléfono regularmente al aeropuerto de Bratislava para informarme de las previsiones del tiempo y, sobre todo, de la dirección del viento. Les decía que era entrenador de ciclismo, que quería organizar una gira mayor y necesitaba que al regreso el viento soplara en la espalda de los ciclistas, ya que estarían sudados y cansados. Pero el viento continuaba soplando del sur o del sureste. Pero no me rendí y seguí llamando por teléfono y preguntando. Y llegó el día en que me respondieron: usted finalmente ha tenido suerte. Mañana y pasado mañana esperamos un frente desde el norte o noroeste.

¿Tuvo que preparar las maletas y salir inmediatamente, es cierto?

Esperé a que fueran las once y media de la noche. Tenía 4 botellas de propano-butano preparadas: una para el despegue, dos para el vuelo y la cuarta para el aterrizaje. Sin embargo, con la gran emoción y el entusiasmo de tener todo perfectamente preparado, me olvide de que en la primera botella ya quedaba poco gas. Despegamos inmediatamente, y cuando estábamos a 500 metros de altura la llama del quemador se apagó. Empezamos a descender y terminamos entre los árboles. Mi mujer estaba muy nerviosa. Pero yo no me dejé disuadir, cambié la botella y despegamos otra vez.

¡Hay que decir que aparte de usted y su esposa, en la cesta también estaban sus 2 hijos!

Ellos no sabían si lo que nos ocurría era bueno o malo. Mi hijo tenía 11 y mi hija 14 años. Realizando esta huida contaba mucho con el hecho de que en nuestra región nadie había huido de esta manera y así aposte en el factor sorpresa. Cuando subimos por encima de las nubes, apagué el quemador de gas y vivimos un instante maravilloso. Una paz absoluta y la luna que iluminaba las nubes parecían el mar… ¡Todo fue estupendo! Empezamos a descender lentamente y yo noté que ya nos encontrábamos sobre el territorio austríaco, porque veía las gasolineras. Cuando descendimos a 500 metros usaba el quemador para ver lo que teníamos por debajo. Aterrizamos en un viñedo.

Sabemos que usted llevaba en la cesta una bicicleta, ¿verdad?

¡Claro, era campeón de ciclismo! Pensaba… si hubiésemos aterrizado lejos de alguna población o si hubiéramos tenido algún accidente, alguno de nosotros tenía que ir a pedir ayuda. ¡Para ello serviría la bicicleta! Era una bicicleta de competición, super ligera que teníamos sujeta del lado de afuera de la cesta. En un metro cuadrado no había sitio para más nada. Allí cabían solo 4 personas y 4 botellas de gas.

Entonces, ¿los soldados no llegaron capturarlos? ¿Todo ocurrió sin complicaciones?

Mientras sobrevolábamosla frontera, noté mucho movimiento abajo… se veían reflectores y las bengalas que lanzaban. Pero ya nos encontrábamos sobre el territorio austríaco. Ganamos tiempo gracias al factor sorpresa, por el que había apostado…

¿Dónde precisamente aterrizaron?

Tuvimos de verdad mucha suerte. Aterrizamos en un viñedo, a 50 m de la carretera y a 200 m del pueblo Falckenstein. Corrí hasta la carretera, detuve un coche y les dije a las personas que iban en él: "Por favor, llamen a la Policía. Somos eslovacos, hemos entrado de manera ilegal y queremos pedir el asilo político". Y ellos me contestaron: Nosotros pensábamos que era un Ufo, dado que se veía una luz pequeña que bajaba muy lentamente.

¿Y qué pasó luego? ¿Dónde les ubicaron?

En 20 minutos el pueblo entero vino a vernos. Los policías nos llevaron a la estación de policía de la frontera. Teníamos miedo de que nos enviaran de vuelta… Les pedí, que no publicaran mi nombre en ningún lado, para no crearle problemas a mi familia que se había quedado en Checoslovaquia. A la mañana siguiente mi nombre, junto a la historia de nuestra fuga apareció en varios periódicos austríacos.

Más tarde, los Hutyra se trasladaron de Austria a los Estados Unidos, donde a menudo repetían su vuelo en globo. Finalmente, el globo terminó en el Museo del Muro de Berlín. Más tarde Róbert Hutyra vivía y hacía negocios en la ciudad morava de Luhačovice. Róbert Hutyra contó su experiencia en el libro "55 minutos entre la vida y muerte".

Robert Hutyra

Ladislava Hudzovičová