A pesar de que en Eslovaquia entre una gran parte de la población sigue vivo el convencimiento de que durante el socialismo vivíamos mejor, según varios sondeos no hay nadie que realmente quisiera volver a la época anterior a la Revolución de Terciopelo, ocurrida en noviembre del aňo 1989.
Habla el historiador del Instituto de la Memoria Nacional Ľubomír Morbacher: “El régimen socialista fue malo ya desde hace su surgimiento. No sólo porque enviaba a la gente a la cárcel, sino porque también, tal y como lo prueban los documentos de la Seguridad Estatal, había categorías de habitantes que fueron designadas como personas de segunda clase, como por ejemplo maestros, curas o funcionarios de la Primera República Checoslovaca.“ El cura Anton Srholec fue condenado a 12 aňos de prisión, de los que 10 aňos realmente pasó en la cárcel, trabajando en las minas de uranio en Jáchymov. Dice: ”Necesitamos por lo menos 40 aňos para recuperarnos de la falsa sensanción de que ”antes era mejor”. En realidad, la sociedad ha progresado en muchos aspectos. A mi modo de ver, es una gran cosa sólo el hecho de que yo y otras miles personas de destino parecido ya no estemos considerados como personas de segunda clase.” Según el director del Archivo Nacional Eslovaco Radoslav Ragač hemos evolucionado también en el ámbito económico: ”Durante el socialismo no existía el sector privado y la economía nacional no brindaba los resultados esperados. Faltaban mercancías y así en el transcurso de diez aňos perdimos los logros conseguidos por la república de entreguerras.” El politólogo Ivan Kuhn admite que en el socialismo algunas mercancías eran más baratas, sin embargo advierte: ”La agricultura era fomentada por el estado, por eso los alimentos eran más baratos, pero luego el Gobierno carecía de recursos en otros ámbitos.” Según Ivan Kuhn los eslovacos invitaron el cambio político no tanto por el deseo de libertad, sino más bien porque querían vivir mejor, tal y como lo veían en Alemania Occidental.