El problema de la educación universitaria en Eslovaquia es, para Ivan Ostrovský, de la Agencia Académica de Ranking y Rating (ARRA, en sus siglas eslovacas), el hecho de que durante los cinco aňos de carrera los estudiantes no reciben ningún tipo de práctica, por lo que a su finalización, los alumnos están demasiado formados, pero sin ninguna práctica en su haber. Y no encuentran puestos de trabajo que respondan al grado de formación recibida.
Una de las soluciones, apunta, sería que tras la finalización del primer ciclo universitario, después del tercer aňo, los estudiantes tuviesen la obligación de trabajar al menos durante un aňo completo. La organización ARRA ha calificado, por noveno aňo consecutivo, las Universidades y escuelas universitarias eslovacas. Por ello Ostrovský piensa que uno de los problemas más importantes del sistema universitario eslovaco es que el 80 % de los estudiantes que finalizan este primer ciclo, continúan directamente con el segundo, hasta recibir la licenciatura final. Con lo que finalizan sus estudios excesivamente formados y se tienen que contentar, en muchos casos, con trabajar en puestos que no son acordes a su formación. Otro de los problemas, según Ostrovský, es que el título de bachiller –que en Eslovaquia reciben aquellos estudiantes que finalizan los tres aňos del primer grado de formación universitaria- está completamente desprestigiado y degradado. Muchos empresarios y empleadores lo confunden con el de graduado escolar, y no ofrecen puestos de trabajo para los licenciados de primer grado acordes a su nivel. Otro problema, indicaba Ostrovský, es que nuestro país tiene problemas para emplear a personas de baja o sin ninguna formación. Mientras que en Europa la media de trabajadores con baja formación es del 46,6 por ciento, en Eslovaquia es sólo de un 14,6 %. Ostrovský piensa que la posibilidad de trabajar durante un aňo a los que finalicen la primera parte de sus estudios universitarios abriría muchas puertas a los estudiantes, además de permitir siempre que los que una vez cumplido ese aňo deseasen volver a las aulas, pudieran realizarlo. Pero ya lo harían con otro punto de vista, afirma. Con todo, el Ministerio de Educación no prepara ningún tipo de modificación similar. Según afirma el portavoz ministerial, Michal Kaliňák, el problema residiría, a su entender, en cómo motivar a las empresas para que ofrezcan este aňo de trabajo a los estudiantes. También los rectores universitarios piensan que sería problemático ofrecer un puesto de trabajo a las 50.000 personas que cada aňo finalizan el tercer curso universitario.