La firma del tratado fue el resultado de un largo período de negociaciones por parte de los expertos, secretarios de Estado, ministros, e incluso por parte de los jefes de gobierno ambos países vecinos. Según Vladimír Mečiar, presidente de gobierno de aquella época, tanto él como su homólogo húngaro, Gyula Horn, fueron considerados traidores a la nación. Según Mečiar, el tratado fue necesario dada la tendencia creciente del nacionalismo y por un posible riesgo de conflicto armado. Eslovaquia y Hungría respondieron, de esta manera, a la iniciativa de firmar acuerdos bilaterales en la zona de Europa central y de Este. Entre las cuestiones clave se encontraba la diferente evaluación del pasado común de los dos países, la cooperación futura en los territorios fronterizos, la colaboración en la protección y el uso del río Danubio, el respeto de los derechos de las minorías nacionales y la aplicación de un mecanismo del control del tratado.
El actual jefe de la Diplomacia, Miroslav Lajčák, ha resaltado la atemporalidad del documento y su importancia en el desarrollo de las relaciones eslovaco-húngaras con estas palabras: „la comunidad internacional aprecia el hecho de que durante una época conflictiva dos países vecinos se supieron poner de acuerdo creando un documento complejo que facilitó la estabilidad de nuestra región" aňadió Lajčák. Eslovaquia ha firmado también similares tratados con el resto de países vecinos.